Nacido en Caracas (Venezuela) y con raíces en Tenerife, el chef Daniel Chavez-Bello combinó sus estudios en Derecho con el mundo de la restauración desde muy joven: “Mi abuela fue mi primera inspiración. Tenía una pastelería, como un pequeño restaurante, y yo crecí jugando con harina, patatas…”. De este entrañable recuerdo nace su amor por la cocina clásica, por el chup-chup de las abuelas y sus olores. Aunque pronto empezó a interesarse también por la cocina moderna y la cocina francesa.

Instalado en Barcelona y seguro de que su destino estaba en las cocinas de un restaurante y no en un despacho de abogados, decidió formalizar sus conocimientos en la prestigiosa Escuela de Hostelería Hoffman. “Siempre pasaba caminando y me llamaba la atención. Un día entré y me inscribí. Me gustó mucho ver esa disciplina, ese orden… Entendía mucho más el porqué de cada cosa, me dio una visión muy noble de la cocina”, recuerda con afecto.

Su espíritu aventurero e imparable lo ha llevado por todo el mundo: ha vivido y cocinado en Costa Rica, Francia, Hamburgo, España, Estados Unidos, Japón… Padre de dos hijas, su familia ha sido su mejor compañera de aventuras internacionales. “Siempre he viajado mucho. A mis hijas les decía que de profesión éramos viajeros. Si me gustaba un restaurante, iba a tocar la puerta”. Como resultado de esta intrepidez, ha podido compartir fogones con los mejores: con Berasategui, con Arzak, con Hélène Darroze en París, con Ferran Adrià en El Bulli… Como él mismo afirma, “somos una generación de bullinianos que estamos por todo el mundo”. Este carácter cosmopolita convive con el amor por su isla: “Tenerife me inspira muchísimo”.

Una de las experiencias más memorables en la capital catalana fue su paso por la mantequería y restaurante Can Ravell, fundado en 1929, donde empieza a gestarse su afán por encontrar el mejor producto. “El mejor producto de Barcelona estaba en Can Ravell: tenían el mejor jamón, el mejor caviar, el mejor foie…”. En este espacio mítico coincidió con el chef Jesús Benavente, Chuchu, quien tenía una base de cocina castiza, cocina clásica española y sencilla. “Él me inculcó el amor por el producto”. Con el mismo cariño habla de Jaume Jovells, de Can Pineda: “Lo quiero como a un padre; es una persona muy humilde, muy de pueblo, con valores catalanes tradicionales”. Sus palabras de admiración se extienden al chef norteamericano David Bouley, su padrino en Nueva York, ciudad donde reside desde hace siete años.

Cuando habla del arroz, su tono cambia y su expresión se ilumina. “Yo estoy obsesionado con el arroz. No hay nada que me guste más que un arroz. Es la base de muchas culturas, como la japonesa”. Gracias a sus contactos neoyorquinos, Daniel empezó a visitar Japón y pudo colaborar con la escuela de cocina Tsuji y con la cadena japonesa Prince Hotels, donde era chef consultant. “Organizaba eventos para introducir algunos de nuestros productos más famosos, como el jamón Cinco Jotas”. Amante también del jamón, ha promocionado este manjar por todo el mundo.

Hablando del arroz y de sus estancias en Japón, Daniel Chavez-Bello no se olvida de Tadao Mikami, su mentor en cocina kaiseki. Experto en la materia, explica delicadamente que el arroz produce el hongo Aspergillus oryzae, el cual se utiliza para fermentar productos utilizando el arroz como base. El miso, la salsa de soja, el sake, el katsuobushi… necesitan kōji, el arroz sacarizado. Con todos estos conocimientos, quiso revolucionar la manera tradicional que tenían los japoneses de tratar el arroz: “Me propuse mostrarles todas las posibilidades de este maravilloso producto y fliparon. Hicimos un taller donde cocinamos paella, arroz negro… De hecho, voy haciendo paellas por todo el mundo. Viajo con una mochila, mi tabla de surf y una paella”, afirma orgulloso.

Actualmente, Daniel es el director culinario de Epicured, una empresa que distribuye comidas preparadas sin gluten y Low FODMAP (dieta baja en azúcares fermentables) por todo Estados Unidos con una producción de hasta 20.000 comidas semanales. Son menús terapéuticos elaborados para personas con síndrome de colon irritable, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, celíacos… “Es bonito porque tenemos acceso a mucha más gente y podemos ayudarles. Logramos que disfruten de una buena comida sin sentir miedo a sufrir un achaque por su trastorno digestivo, bastante común en Estados Unidos. Cocinar sin algunos productos, como la cebolla o el ajo, es un reto diario”.

Inquieto y atrevido, tiene en mente abrir un restaurante en una granja en las afueras de Filadelfia. Con un pie en Nueva York y un pie en España, Daniel Chavez-Bello reconoce el buen momento que está viviendo gracias a su constancia y dedicación: “Se valora mucho nuestra cultura aquí, se respeta mucho. Y eso es gracias al esfuerzo de muchos cocineros de nuestra generación, como José Andrés o yo mismo, que nos hemos puesto donde estamos”.