En la localidad de Puig-reig, en la comarca del Berguedà, encontramos El Celler de Ca la Quica, la segunda casa de Toni Castaño. Desde muy joven, el chef tuvo clara su vocación y, tras finalizar sus estudios en hostelería, decidió hacer un intercambio en Bélgica aprovechando un programa especial para profesionales del sector.

Sus andaduras siguieron en la Ciudad Condal, concretamente en el Ateneu Gastronòmic, donde estuvo como jefe de cocina seis años hasta que, en 2010, pudo abrir su propio restaurante, El Celler de la Quica, donde curiosamente había trabajado unos años antes de camarero en lo que era una sala de catas.

Este espacio gastronómico desprende un encanto singular, que te envuelve desde que abres sus puertas. El restaurante ocupa los bajos de una casa de piedra del siglo xix, una esencia que Toni no quiso perder. “Hemos respetado el espacio que diseñaron los propietarios de la finca. El comedor está dividido en dos, con un arco de piedra, una zona de reservado y dos mesas en la zona de la bodega, además de otra sala solo para vinos”. Esta distribución propicia, sin duda, una experiencia más íntima.

El chef catalán define su cocina como “sincera y respetuosa con las materias primas”. Y con esta premisa elabora un arroz diferente cada día para el menú diario que ofrece entre semana. “Nuestra cocina es sencilla y muy honesta con el producto, siempre de calidad”.

Lejos de pretensiones y pomposidades, sus recetas beben de la tradición catalana, la cocina de toda la vida, con técnicas de toda la vida, y con un toque actualizado. Sus raíces del sur y las influencias de los lugares a los que ha viajado también están presentes en sus propuestas, por ejemplo, en los platos de fusión oriental.

En su clara apuesta por los productos de temporada, de proximidad y, sobre todo, de calidad, Toni Castaño rinde homenaje a los destacados del Berguedà, como los ceps y la trufa, sin olvidar los quesos artesanos o los embutidos ibéricos. También se atreve con otros productos frescos de mercado, como la lubina salvaje o las ostras.

El Celler de Ca la Quica no sería lo mismo sin su extensa bodega, que incluye una gran selección de vinos de diversas procedencias. “Queremos hacer accesibles estos vinos, por eso los vendemos a precio de tienda”. ¿Y cómo se consigue esta selección? Toni Castaño se declara amante del vino y reconoce que ha tenido que catar muchos vinos y ponerse al día para tener esta bodega tan destacada. “El espacio lo merecía. Siempre buscamos vinos que sorprendan y que sean de muy buena calidad”.

En su ubicación estratégica entre Barcelona y La Cerdanya, bien merece la pena una parada en El Celler de Ca la Quica, donde el cliente es protagonista. “Nuestro objetivo es que el comensal disfrute, que se sienta como en casa y que esté contento. Para mí el éxito es que el cliente vuelva o nos recomiende”. Y es que en esta vorágine de prisas constantes en la que vivimos inmersos, aquí el tiempo se detiene, te aíslas del exterior y disfrutar se convierte en la única ocupación.